Arquitectura de 38 días
Dentro de mis funciones habituales como arquitecto, tenía que hacer una consulta a los Servicios Técnicos de Urbanismo del municipio donde se iba a realizar la obra. Pedí hora por teléfono, y la respuesta por parte del organismo público no fue otra que: “esta semana no puede ser, la otra no sé qué, etc.”.
Hacía poco tiempo que había vuelto de Estados Unidos y quedé con un amigo arquitecto para intercambiar experiencias y contarle lo sucedido. La conversación nos llevo, inevitablemente, a comentar el proceso americano para hacer una vivienda.
Imaginemos que somos una familia tipo paseando por un centro comercial de cualquier ciudad americana. Entre tienda y tienda, encontramos una que se dedica a la fabricación de casas. Decidimos entrar, pues, estamos empezando a barajar la idea de mudarnos. Nos muestran distintos diseños: unas en una planta, otras con garaje muy grande, otras con cocina independiente.
Tras ver las distintas opciones, explicamos nuestras preferencias: queremos nuestro dormitorio en el primer piso, con baño, tipo buhardilla, al lado del estudio, con una gran terraza y una ventana de tejado para ver el cielo. En la planta baja queremos vestíbulo independiente, un pequeño porche, chimenea y otro dormitorio con baño para la suegra. Nos dicen que vayamos unos locales más para allá, que hay un cine y que, cuando salgamos, ya nos darán el presupuesto.
Cierto, en ese tiempo habían escogido el emplazamiento y habían obtenido la foto aérea, le habían mandado la propuesta a uno de sus arquitectos colaboradores para hacer los retoques. Al salir del cine, vimos planos y perspectivas y nos encajó el precio. Con la tarjeta de crédito dimos la paga y señal y nos aseguraron que las obras empezarían al día siguiente.
A primera hora del día siguiente, comunicaron todos los datos a la Administración y llegó una excavadora. Si las dimensiones de la planta baja eran más o menos 12*14 metros, la máquina rebajó 15*17 metros y unos 45 cm. Colocaron el mallazo de acero, unos tubos de desagüe y echaron el hormigón desde la calle, con una manguera. Era hora de ir a comer. ¡Hacía 18 horas que habíamos encargado la casa! Por la tarde se hizo el vallado exterior. A algo más de 24 horas, ya se estaban subiendo paredes.
Para no aburrir, contemos el final. A los 38 días nos entregaban las llaves de la casa, toda acabada y lista para entrar a vivir, una preciosidad.
Por curiosidad, calculo cuántos días pasaron entre que pedí hora por teléfono y el día que me entrevisté con el Técnico del Ayuntamiento: 38 días. Quedamos que hablaría con su superior, que ya pensaría en el asunto, que lo llamara otro día. Mientras, el cliente: una pareja de enamorados, con mucha ilusión por la casa, pero casi que les daba igual la forma que tuviera, el número de dormitorios, lo que nosotros quisiéramos, pero que no tardásemos más de dos meses para montar el proyecto ya que, una vez solicitada la licencia al Ayuntamiento, aunque éstos tardaran un año en dar permiso, tenían que ir al banco a pedir la hipoteca.
El segundo caso, el nuestro, el de la absurda pérdida de tiempo, es fomentar la crisis. ¿Aprenderá la lección nuestro sistema?
Xavier Mateu, arquitecto de RV4